miércoles, 17 de marzo de 2010

José Ingenieros

Su retórica tempestiva confunde en la intención de interpretar su punto de vista.


LA EMOCIÓN DEL IDEAL

Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento. Innumerables signos la revelan: cuando se te anuda la garganta al recordar la cicuta impuesta a Sócrates, la cruz izada para Cristo y la hoguera encendida a Bruno; -cuando te abstraes en lo infinito leyendo un diálogo de Platón, un ensayo de Montaigne o un discurso de Helvecio; cuando el corazón se te estremece pensando en la desigual fortuna de esas pasiones en que fuiste, alternativamente, el Romeo de tal Julieta y el Werther de tal Carlota; -cuando tus sienes se hielan de emoción al declamar una estrofa de Musset que rima acorde con tu sentir; -y cuando, en suma, admiras la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los héroes, inclinándote con igual veneración ante los creadores de Verdad o de Belleza.

Todos no se extasían, como tú, ante un crepúsculo, no sueñan frente a una aurora o cimbran en una tempestad; ni gustan de pasear con Dante, reír con Moliére, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer ante el David, la Cena o el Partenón. Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando más allá de lo real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas.

Definiendo su propia emoción, podría decir quien se sintiera poeta: el Ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección.

martes, 16 de marzo de 2010

Confucio (Filósofo Chino)

Se acuerdan del famoso Confucio, no es el que inventó la confusión, ni es chino - japonés, es un filosofó chino, de eso tengan la plena certeza.


Frases celebres:

- Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.

- Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes.

- Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber.

- Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.

- Por muy lejos que el espíritu vaya, nunca irá más lejos que el corazón.

- Donde hay educación no hay distinción de clases.

- Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro.

- Si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz.

- El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor.

- Si no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?

- Algún dinero evita preocupaciones; mucho, las atrae.

- Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.

- El sabio sabe que ignora.

- Lo que no quieras que los otros te hagan a ti, no lo hagas a los otros.

- El tipo más noble de hombre tiene una mente amplia y sin prejuicios. El hombre inferior es prejuiciado y carece de una mente amplia.

- Una voz fuerte no puede competir con una voz clara, aunque esta sea un simple murmullo.

- Aprende a vivir y sabrás morir bien.

- El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas.

- Sólo los sabios más excelentes, y los necios más acabados, son incomprensibles.

- Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.

- Yo no procuro conocer las preguntas; procuro conocer las respuestas.

- Los cautos rara vez se equivocan.